Purmamarca
Purmamarca, que en lengua Aimara significa “Pueblo de
Mundialmente conocida por su famoso Cerro de los Siete Colores, Purmamarca deleita al visitante tanto por las características policromáticas de su geografía, como por la calidez de su gente.
El Cerro de los siete colores recibe este nombre a causa de las distintas capas de colores que despliega y que son el resultado de una compleja historia geológica. Cada color resulta de diversos sedimentos marinos, pantanosos y fluviales que se fueron depositando en este lugar durante 600 millones de años. Debido a los movimientos tectónicos, estos sedimentos fueron tomando las formas que hoy podemos ver.
Mas allá de la paleta de colores que nos exhibe su tierra, este pequeño pueblo de la provincia de Jujuy también es llamativo por su trazado urbano. Este fue pensado en torno a su iglesia principal del más puro estilo clásico quebradeño, construida en 1648 y declarada Monumento Histórico Nacional. Sus muros exteriores son de adobe, mientras que en el interior esta hecha con una típica carpintería de cardón. Tiene una sola nave y esta consagrada a Santa Rosa de Lima.
Sobre la plaza del pueblo funciona la feria artesanal permanentemente dispuesta para que el turista se lleve un recuerdo autóctono y cien por ciento artesanal. En los alrededores de la plaza los vendedores locales ofrecen alfombras hechas a mano, tallas de maderas, indumentaria regional, vasijas y hasta se puede encontrar variedades de plantas medicinales.
La mejor forma de poder apreciar Purmamarca con todos los sentidos es realizando caminatas por los alrededores.
El Paseo de los Colorados, ofrece sublimes vistas con formaciones pétreas que fueron talladas naturalmente.
El Algarrobo Histórico, testigo mudo de una parte importante de la historia de Jujuy, esta al costado de la iglesia, y según cuenta la leyenda, el Gral. Manuel Belgrano, descansó bajo su sombra al igual que lo siguen haciendo los innumerables turistas que pasan por allí.
El 30 agosto se celebra la fiesta patronal de Purmamarca, con danzas de samilantes (danzantes emplumados), sikuris y misachicos donde uno puede fundirse con los orígenes y costumbres locales.




